Wednesday, October 13, 2010
"¡Médico, cúrate a tí mismo!"
Sociedad
La «sacerdotisa de la felicidad» se suicida
La escritora de libros de autoayuda Choi Yoon-Hee y su marido se ahorcaron en la habitación de un motel
afp / seul
Día 11/10/2010 - 13.58h
Una estrella de televisión de Corea del Sur, conocida por sus libros sobre la felicidad y la esperanza, fue encontrada muerta el viernes juntos a su esposo en la habitación de un motel en lo que parece ser un suicidio doble, según ha explicado la policía.
Un empleado del establecimiento, ubicado en Goyang, al norte de Seúl, encontró los cuerpos de Choi Yoon-Hee, de 63 años, y a su marido, de 72 años, ahorcados en la habitación la noche del jueves.
En una carta divulgada por la policía, la escritora asegura que algo iba mal en su cuerpo en los últimos dos años. «Tuve un momento muy difícil porque sufro de pulmón y de corazón», escribió, añadiendo una disculpa a su familia y amigos.
Choi Yoon-Hee es autora de veinte libros sobre la felicidad y la esperanza y participó en varios espectáculos de televisión sobre el mismo tema, lo que le dio en Corea del Sur el apodo de «Sacerdotisa de la felicidad».
Corea del Sur registró la tasa de suicidios más alta para las mujeres en los países desarrollados y la segunda más alta para los hombres, después de Japón.
La «sacerdotisa de la felicidad» se suicida
La escritora de libros de autoayuda Choi Yoon-Hee y su marido se ahorcaron en la habitación de un motel
afp / seul
Día 11/10/2010 - 13.58h
Una estrella de televisión de Corea del Sur, conocida por sus libros sobre la felicidad y la esperanza, fue encontrada muerta el viernes juntos a su esposo en la habitación de un motel en lo que parece ser un suicidio doble, según ha explicado la policía.
Un empleado del establecimiento, ubicado en Goyang, al norte de Seúl, encontró los cuerpos de Choi Yoon-Hee, de 63 años, y a su marido, de 72 años, ahorcados en la habitación la noche del jueves.
En una carta divulgada por la policía, la escritora asegura que algo iba mal en su cuerpo en los últimos dos años. «Tuve un momento muy difícil porque sufro de pulmón y de corazón», escribió, añadiendo una disculpa a su familia y amigos.
Choi Yoon-Hee es autora de veinte libros sobre la felicidad y la esperanza y participó en varios espectáculos de televisión sobre el mismo tema, lo que le dio en Corea del Sur el apodo de «Sacerdotisa de la felicidad».
Corea del Sur registró la tasa de suicidios más alta para las mujeres en los países desarrollados y la segunda más alta para los hombres, después de Japón.
Monday, October 11, 2010
je veux la lune/elle veut du soleil


Calígula (acto III, escena III)
Albert Camus
Calígula: ¡Helicón!
Helicón: ¿Qué hay?
Calígula: ¿Adelanta tu trabajo?
Helicón: ¿Qué trabajo?
Calígula: Bueno... ¡la luna!
Helicón: Es cuestión de paciencia. Pero quisiera hablarte.
Calígula: Quizá tuviera paciencia, pero no dispongo de mucho tiempo. Hay que darse prisa, Helicón.
Helicón: Ya te lo dije, haré lo que pueda. Pero antes tengo cosas graves que anunciarte.
Calígula (como si no hubiera oido): Fíjate que ya la he poseído.
Helicón: ¿A quién?
Calígula: A la luna.
Helicón: Si, naturalmente. ¿Pero sabes que conjuran contra tu vida?
Calígula: La he poseído, enteramente. Sólo dos o tres veces, es cierto. Pero de todos modos, la he poseído.
Helicón: Hace mucho rato que trato de hablarte.
Calígula: Fue el verano pasado. Después de mirarla y acariciarla mucho sobre las columnas del jardín, acabó por comprender.
Helicón: Terminemos con ese juego, Cayo. Mi obligación es hablar aunque no quieras escucharme. Peor para ti si no escuchas.
Calígula (aún ocupado en teñirse las uñas de los pies): Este barniz no vale nada. Pero volviendo a la luna, fue una hermosa noche de agosto [Helicón se aparta con despecho y calla, inmóvil]. Hizo algunos remilgos. Yo ya me había acostado. Al principio, ella estaba ensangrentada, sobre el horizonte. Luego empezó a subir, cada vez más ligera, con rapidez creciente. Cuanto más subía, más clara iba haciéndose. Llegó a ser un lago de agua lechosa en medio de aquella noche llena de estrellas apretadas. Llegó entonces con el calor, dulce, ligera y desnuda. Cruzó el umbral del aposento y con segura lentitud llegó a mi cama. Decididamente, este barniz no vale nada. Pero ya ves, Helicón, puedo decir sin jactancia que la he poseído.
Helicón: ¿Quieres escucharme y enterarte de lo que te amenaza?
Calígula (se detiene y lo mira fijamente): Sólo quiero la luna, Helicón. Sé de antemano quién me matará. Todavía no he agotado todo lo que puede hacerme vivir. Por eso quiero la luna. Y no reaparezcas antes de habérmela conseguido.
Helicón: Entonces cumpliré con mi deber y diré lo que tengo que decir. Han organizado una conspiración contra ti. Quereas es el jefe. He encontrado esta tablilla que puede informarte de lo esencial [Deja la tablilla en uno de los asientos y se retira].
Calígula: ¿Adónde vas, Helicón?
Helicón (En el umbral): A buscarte la luna.
Sunday, October 10, 2010
Saturday, October 9, 2010
Friday, October 8, 2010
Thursday, October 7, 2010
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