Thursday, April 8, 2010

Educación para la ciudadanía (2)

De unos matorrales cercanos emergió una enfermera que llevaba cogido de la mano un niño que lloraba. Una niña, con expresión ansiosa, trotaba pisándole los talones.
– ¿Qué ocurre? –preguntó el director.
La enfermera se encogió de hombros.
– No tiene importancia –contestó– Sólo que este chiquillo parece bastante reacio a unirse en el juego erótico corriente. Ya lo había observado dos o tres veces. Y ahora vuelve a las andadas. Empezó a llorar y...
– Honradamente, –intervino la chiquilla de aspecto ansioso– yo no quise hacerle ningún daño. Es la pura verdad.
– Claro que no, querida –dijo la enfermera, tranquilizándola– Por esto –prosiguió, dirigiéndose de nuevo al director– lo llevo a presencia del Superintendente Ayudante de Psicología. Para ver si hay en él alguna anormalidad.
– Perfectamente –dijo el director– Llévelo allá. Tú te quedas aquí, chiquilla –agregó, mientras la enfermera se alejaba con el niño, que seguía llorando– ¿Cómo te llamas?
– Polly Trotsky.
– Un nombre muy bonito, como tú –dijo el director– Anda, ve a ver si encuentras a otro niño con quien jugar.
La niña echó a correr hacia los matorrales y se perdió de vista
.”
Aldous Huxley, Un Mundo Feliz, Capítulo III.

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